Y así decides abandonar la nave porque tus miedos no supieron otra cosa más que huir. Saltaste por la borda para no tener que viajar por mares desconocidos. Está bien, siempre está bien. Tal vez estábamos forzando el rumbo, con tu mapa y mi sextante, intentando un viaje de Utopía a Avalon por encima del arco iris allí donde los mapas no habían trazado aún ruta ninguna.
Y así fue. No diré que me sorprende aunque lo haga, no diré que temo que tomaste una decisión sobre la base de premisas equivocadas aunque creo que ni tú sabes ahora la dirección correcta de las estrellas. Sólo diré que espero te des cuenta, algún día, al contar tus viajes, que el nuestro fue real, que los lugares en donde nuestro barco atracó realmente existieron en alguna playa lejana en donde sólo éramos dos.
Te agradezco por todas las horas sobre cubierta y también aquéllas, más íntimas, cuando en el camarote sólo sentíamos el vaivén de las olas acunando nuestra litera. Buen viaje y mejor destino, compañera.
Desde el timón veo tu bote perderse en el horizonte. A mí me llaman otra vez las gaviotas a la mar.
05.08.2007.
